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SOS. Un encierro eterno en las residencias para ancianos

confinamiento eterno en residencias de ancianos

Hay un lugar en el que la vida no ha cambiado después del terrible período de la crisis. Quizá no, porque hay una menor cantidad de gente, mayor tristeza y una menor voluntad de vivir. Los hogares de la tercera edad han resultado los más afectados por esta pandemia, con más de 19.000 muertes estimadas dentro de sus paredes. Y los rumores, ya no tanto, acerca de la muerte de muchos ancianos debido a la incapacidad de ser trasladados a los hospitales. Los protocolos de supervivencia, aseguran.

Los asilos estaban aislados, no había nadie que pudiera salir o entrar, los abuelos con suerte que podían usar el teléfono o tenían la fortuna de contar con un asistente que los ayudase, podían oír y ver a las familias que estaban fuera, que acudían impotentes. Lo primero es la seguridad, y salvar las vidas. No había ninguna duda al respecto y eso nadie lo discutía. Han transcurrido varios meses desde esas decisiones. Y el resto de los mortales continúan, haciendo sus cosas a su manera, más o menos, por desgracia, aunque siguen. La vida de los mayores todavía permanece estancada. Se han eliminado todo tipo de talleres, con la disminución cognitiva y motora que esto implica a tan avanzada edad. Recientemente, algunos hogares han permitido a las familias visitarlos, pero siempre con las precauciones y tiempos muy limitados. Se trata de un verdadero oasis dentro de ese desierto.

¿Y qué pasa con las personas mayores que se quedan sin nadie que las visite?

Siguen confinados en cuartos en los cuales hasta no hace mucho tiempo, aparte de ser dormitorios, han sido también comedores. Su soledad se ha incrementado de forma cruel. Auxiliares, enfermeras, personal de limpieza, terapeutas ocupacionales, asistentes sociales, administradores y porteros han hecho todo lo posible por mantener el amor y la vida allí, sin embargo, basta con que mires a los ojos de cualquiera de los ancianos y veas que no solamente les han quitado la primavera. El tiempo se mide de forma diferente, y cuatro meses constituyen realmente un periodo eterno para ellos.

Todos queremos que su vida no corra peligro, sin embargo el tiempo ha tomado ventaja y se ha acelerado en este tiempo, pues gran parte de los ancianos han envejecido por completo durante este período. En la actualidad, incluso sin tener la posibilidad de salir a la calle, en algunas residencias, y al escuchar las noticias del resurgimiento, observan desde las ventanas, rogando por que alguien se acuerde y les devuelva la libertad por la cual la mayoría ha luchado.

 

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